Los pillos siempre persiguen el poder

poderpoliticosiignificadoImpedir que la verdad salga a la luz, opacar la racionalidad usando prejuicios, gustos, imposiciones, o fanatismos políticos o idiológicos, demuestra que hay una cerrazón a la demostración, manifiesta una negativa a reconocer la racionalidad y trata de compensar la racionalidad con eso que es un ninguneo, una indiferencia, una intolerancia a la verdad, o directamente reemplaza la verdad con una mentira.

Los pillos todo lo envuelven con mentiras las cuales usan para dominar implacablemente a la sociedad, porque el poder nada es sin mentiras, siempre las necesita, y anulará, acosará, perseguirá y aun asesinará a quienes le impidan usar las mentiras en sus diabólicos objetivos.

El “crimen organizado” es algo propio de los clanes, mafias, y grupos políticos que día a día se reproducen en todos los países del mundo, y a los que se atribuye una integración, estructura, planeación, dirección, control y objetivos propios de las llamadas “agencias de inteligencia”, o “entidades estratégicas” mundiales, con verdaderas disciplinas militares o monásticas, con el objetivo de cometer actos ilícitos en contra de la sociedad, del estado, y de la empresa privada.

El mal sigue siendo el mal no importa en que país acontese, ni en que idioma se denuncie.
Ni el poder mismo, a lo largo de los siglos, ha logrado una perfección y control que permitan asemejarse siquiera a la disciplina de un desfile militar como ideal organizativo. Y es que, el tema mismo del crimen forzosamente obliga a discernir sobre su naturaleza: nunca será lo mismo calificar como tal al homicidio, o al secuestro, o a la infracción, o al comercio ilícito, o al incumplimiento de contratos; sin embargo, todos estos casos se toma como delitos punibles por la ley, pues la expresión latina significa por igual una acusación de ilicitud que una delictiva tipificable como grave o no por los códigos penales de todos los países del mundo.

En consecuencia, una cosa si es cierto, los crímenes se planeen con alguna visión o estudio previo, aunque también existe el apremio, la sorpresa, la urgencia, etc. que obligan al criminal a cometerlos de pronto y sin haberlos previsto siquiera. Parecería que la gravedad del delito queda sujeta a las condiciones y circunstancias que le rodean, siendo los mas graves los que se planean con premeditación, alevosía y ventaja, pero también hay muchos otros que sobrevienen por condiciones de sobrevivencia, como el hambre, o la defensa propia, que no dejan de ser crímenes, y sin embargo se penalizan considerando atenuantes.

La maquinaria del Estado puede servirse de las mismas armas del propio estado para masacrar a los civiles, tal como ha ocurrido milenariamente en el resto del mundo con el hampa y otros tipos de organizaciones criminales.
Las causales mismas de premeditación, alevosía y ventaja no siempre concurren en los ilícitos diarios del orden criminal, a diferencia del poder que siempre actúa con premeditación, alevosía y ventaja para incurrir en toda clase de crímenes, y al amparo de la justificación del mismo poder, sin que por ello se pueda invocar atenuantes de alguna clase o naturaleza, toda vez que termina por ser la única verdadera forma de “crimen organizado” que procede del propio gobierno.   En efecto, la maquinaria del Estado puede servirse de las mismas armas del propio estado para masacrar a los civiles, tal como ha ocurrido milenariamente en el resto del mundo con el hampa y otros tipos de organizaciones criminales.

PODERPOLITICOEl saqueo cotidiano de los recursos públicos por diversas vías, -incluidas las remuneraciones y prestaciones faraónicas-, perfectamente orquestado desde la complicidad misma del poder ejecutivo, a todos los niveles de la administración publica, y que representa miles de millones de dólares en fugas y desfalcos para el enriquecimiento ilícito de “funcionarios” o “civiles” e incluso de empresas o empresarios privados y aun extranjeros, a todos los niveles, todos estos casos son forzosamente calificables como “crimen organizado”, pues la impunidad del cargo, la complicidad con otros, y el beneficio personal o en conjunto, son innegables e inocultables.

El sistema de “concesiones”, “autorizaciones”, o “comisiones”, para explotar los medios y recursos nacionales, forzosamente pasa a perjudicar directamente a toda la población por el típico “procedimiento” del “arreglo previo”, de la “componenda”, de la “tranza”, de la “negociación”, y de la “recompensa” que, hasta los párvulos la conocen desde que comienzan a hablar, sin que esto sorprenda ya a nadie, pues a manera de ver y pensar de todo pillo, este es el “pan de cada día”, y como cínicamente lo afirman, “al que quiera azul celeste, que le cueste”.

Es algo muy común escuchar que “el que no tranza, no avanza”, lo que implica asumir que sólo por la vía de lo ilegal es como se logra el beneficio, sin que el susodicho “beneficio” se considere algo ilícito, sino mas bien la “habilidad” de mentir, la capacidad de “negociación”, la “ventaja” que se tiene sobre los bienes o las personas, etc. Si esto no es “crimen organizado”, preguntémonos entonces ¿qué podrá serlo?.

Suele hablarse de ganar “un problema” cuando alguien alcanza un cargo público con abundantes conflictos que son aparentes a la vista, y sin embargo, hay una verdadera jauría de pillos luchando a como dé lugar por el referido cargo público. ¿Será tanto el patriotismo de los aspirantes? ¿Serán tan “masoquistas” o tan “valientes” los que luchan tanto por él? ¿O es que esperan lucrar con el cargo sin resolver absolutamente nada de la problemática que entraña a esa institución porque sus ansias de poder persiguen otros objetivos presumiblemente inconfesables?

Nada importa que “gobiernen” unos u otros, -dicho sea en sentido partidista-, pues el problema está en la clase de seres humanos que estamos “produciendo”, y en el que siempre se ha producido mayoritariamente. El “abuso”, la “corrupción”, el “saqueo”, los “negocios” chuecos, las “concesiones”, las “mentiras” a través del micrófono y de las cámaras, etc. no son más que evidencias diarias e incontrovertibles con las que se “educan” las nuevas generaciones.

Desde la politiquería magisterial hasta los propios ejemplos familiares, el educando comienza a entender que la vida es tranza, que la convivencia es conveniencia, que el poder es ventaja personal, que el trabajo y el estudio sólo sirven para oxidarse a solas, que la pobreza y la miseria circundantes no importan, que el desempleo es producto de ineptitud personal, que en suma, son los vivales, pillos, canallas, corruptos y sinvergüenzas enquistados en “cargos públicos”, “liderazgos” sindicales, “burocracias” inconmensurables, etc. los únicos que pueden prosperar y enriquecerse en el país, de modo que todos terminan convencidos de que: “a la tierra que fueres, haz lo que vieres”.   Y si no hablasen ellos mismos de una “clase política”, lo que ya de por sí entraña un “elitismo” a ultranza muy claramente entendible como “organización”, aparte o como “pueblo elegido” a la mejor usanza bíblica, ni siquiera entenderíamos el crimen circense en el que a diario incurren. Por ejemplo, nuestros supuestos “legisladores”, especialmente cuando aparentan insultarse en los recintos legislativos, acusándose de todo unos a otros, pero sin demérito de irse luego a “comer juntos”, o de cobrar a raudales y en franca contraposición con lo antes “predicado”.

Todos sabemos que la romana expresión antigua de “pan y circo” sigue siendo el paradigma mental por excelencia de todos los sinvergüenzas que se apuntan al gobierno, lo mismo hacen y dicen desde la farsa electorera, hasta en el ejercicio del cargo, y a pesar de las aparentes diferencias diametrales entre los clanes partidistas, vienen a ser en conjunto, el ejemplo por excelencia del auténtico “crimen organizado”.   Mientras la inmensa mayoría de la humanidad siga en condiciones de “hambruna recurrente”, y las riquezas mundiales permanezcan en unas pocas manos, a las que nuestro llamado “poder político” sólo sirva de gendarme, todo podrá dudarse, menos el ejemplo máximo de lo que es y significa “crimen organizado”, y todo lo que ello representa.

Si preciarse de ser “cristianos” es parte de ese “pan y circo” diario que pasa de largo ante la incontenible mortandad infantil mundial por el hambre, tampoco podremos ignorar que esa clase de “cristianismo” está más que inscrito en el “crimen organizado” mundial, pues se encubre en la complicidad, con la mentira eterna de la “democracia”, de las “izquierdas” y las “derechas”, esa clase de circo con el que se le impide a la cada vez más escasa porción honesta de la humanidad, el entendimiento claro de que la democracia es una fantasía, y que todo se reduce a un “arriba” y un “abajo”, dependiendo del grado de riqueza o de miseria a la cual te impone este sistema de vida.

Tales patrañas sólo sirven para pretextar invasiones, explotaciones y matanzas en el resto del mundo, o en el propio país, mediante el montaje de “combatir al crimen”, o de luchar por la “libertad de los pueblos”, o bajo los emblemas de una supuesta “revolución ciudadana”,  y la mejor excusa de todas, la de “preservar y defender la democracia”.

Los verdaderos criminales prometiendo perseguir a los mismos criminales. Algunos se entretienen en calificar esta realidad con expresiones rimbombantes como: “crímenes de lesa humanidad”, “lesiones a los derechos humanos”, “genocidios”, “holocaustos”, etc., pero la verdad de fondo es que, solo se trata de paliativos o consolaciones a “hechos que ya estan consumados”, es decir, una vez “que ya se ahogó el niño”, hay que aparentar que solo “se tapo el pozo”.

La “servidumbre ancestral” de los poderes del estado a los poderes extranjeros, siempre se ha escudado en todos los membretes políticos, o en las frases repetibles y repetidas hasta el colmo en las campañas electorales, y ese mismo es el caso de la expresión “crimen organizado”, que no tiene más ni mejor ejemplo que el demostrado por todos los nefastos gobiernos que ya existen en este planeta, a lo largo y ancho de casi toda la historia universal, y por ende, de la historia de todas las naciones del mundo, incluida obviamente y con muchos meritos, la nuestra.

Referencias

La Ética de una ramera

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