Correa, el asesino

Boletin de Emilio Palacio de Octubre 2, 2011

 
En esta edición

CORREA, EL ASESINO

CARTAS

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PILATOS CREYÓ QUE PODRÍA BORRAR LA SANGRE que el asesinato de Jesús derramó sobre sus brazos, pero no pudo. Rafael Correa tampoco. La sangre que ordenó regar hace un año, el 30 de septiembre del 2010, sigue allí, manchándolo de pies a cabeza y recordándole que algún día será mentado no solo como dictador sino como vulgar asesino.LA EVIDENCIA MÁS IMPORTANTE de lo que ocurrió ese día es el informe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas (ver el texto Cuerpo 16, escrito de prueba 10 de junio del 2011 Informe Comando Conjunto), que reconoce que, por intermedio de su grupo de seguridad, Correa ordenó atacar con armas letales, por sorpresa y con una abrumadora superioridad militar, a un centro de salud lleno de gente inocente.Otra prueba fundamental es el video que me entregó un policía, que muestra a Correa acusando a los policías sublevados de “traidores a la Patria”, antes de haber llegado siquiera al Regimiento Quito. Con eso se demostró que Correa en ningún momento fue con ánimo pacificador o con la intención de evitar que se agrave el conflicto.

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Fueron decisivas en este año que ya transcurrió las pruebas aportadas por César Carrión, Rolando Tapia y Fidel Araujo. El primero exhibió un video en el que se lo ve recibir a Correa  (Ver: http://youtu.be/FaRWrTmU77U) y fotos que demuestran que conservó la llave del Hospital todo el tiempo (Ver: http://archive.constantcontact.com/fs005/1104712904954/archive/1107405837360.html).

Hay preguntas en cambio que Correa no contesta.

¿Si él no ordenó disparar, quién lo hizo? ¿Los jefes militares? Javier Ponce ha presentado las cosas de tal modo que parecería que hay que sacar esa conclusión (ver su declaración aquí), pero Correa no se atreve a avanzar por esa dirección.

Dónde están las balas que desaparecieron de los cadáveres en una institución bajo su control?

¿Quién y con qué justificación ordenó limpiar los alrededores esa misma noche?

¿Es cierto que Correa autorizó el rescate pero no el uso de la fuerza, y que de haber sabido lo que iba a pasar no lo hubiera hecho, como asegura ahora? Aceptemos por un instante la loca idea de un presidente que ordena que lo salven de un secuestro y no le alcanza la imaginación para saber que habrá disparos; ¿cómo explica entonces aquella grabación, antes del “rescate”, en la que advierte al público que el operativo para salvarlo provocará muertes? (La grabación aquí).

La febril imaginación de Correa incluyó en su historia la anécdota heroica de que en algún momento quisieron derribar la puerta de su habitación y pidió un arma, e invocó la posibilidad del suicidio. ¿Pero cómo así una turba de policías enfurecidos no pudo derribar una puerta de madera en un hospital público? ¿Y cómo así esa misma turba, en lugar de derribar esa puerta endeble, designa tres comisiones de policías que se someten voluntariamente a la orden presidencial de ingresar sin armas y comportarse con cortesía?

Ni Correa, ni sus ministros, ni su equipo de seguridad han descrito nunca a sus secuestradores, no a los doscientos que gritaban abajo sino a los cuatro o cinco que, con armas en la mano, tendrían que haber permanecido ante su puerta para no permitirle salir. ¿Cuándo se vio un presidente secuestrado al que no lo rodean crueles secuestradores sino su propia seguridad, que decide quién entra y quién sale? ¿Cómo eran esos secuestradores, cómo iban vestidos, usaban máscaras, qué acento tenían?

TODOS EN EL MUNDO POLíTICO Y PERIODÍSTICO sabíamos, a fines de septiembre del 2010, del malestar en la tropa policial por el debate en la Asamblea Nacional sobre sus beneficios laborales. No había más que escuchar a los policías de la escolta legislativa que en cada pasillo interrogaban a los legisladores.

El 29 de ese mes, Alianza PAÍS se impuso y esa fue la señal de arranque de una carrera de mensajes de texto por celular a través de los cuarteles.

¿Conoció Correa de esos preparativos y permitió que avancen porque ya tenía un plan? Lo que está fuera de duda es que tan pronto la tropa comenzó a quemar neumáticos, Rafael Correa resolvió que no negociaría porque ni su esquema totalitario ni su personalidad se lo permiten nunca. Para desbaratar la protesta lo que haría es acusar a sus autores de golpistas.

Javier Ponce prefirió negociar.

Correa no. A las nueve y quince de la mañana, al pie del Grupo de Operaciones Especiales, a dos cuadras del Regimiento Quito, cuando todavía no había escuchado siquiera lo que los policías gritaban, comenzó a poner en escena su guión. Visiblemente enojado anunció que esos que reclamaban no eran simples descontentos sino traidores a la Patria. Y habló de tiros en el pecho. No importa en realidad con qué sentido exacto usó la frase. Marshall McLuhan explicó en su momento que “el contenido de un medio es otro medio”; la violencia de una expresión violenta se convierte en un mensaje en sí mismo. En un momento tan grave y peligroso, lejos de apaciguar y serenar, Correa gritó “tiros en el pecho”.

Correa es un buen guionista y sabe apreciar el valor de una buena frase. Así que con un par de trancadas subió, se asomó a una ventana, y una vez que se aseguró de que las cámaras lo filmaban, se abrió el pecho y pidió que le peguen un tiro.

Por un momento, la película se le salió de las manos. De pronto se encontró en una habitación de hospital rodeado de policías enojados. Si salía de allí por su propio pie, sin un rasguño, como se lo propusieron (en una ambulacia de la Cruz Roja o resguardado por una doble fila de policías que reconocerían con ese gesto su autoridad), toda su pantomima se debilitaría.

Correa es así, se mete en problemas él mismo con inspiraciones de su propia cosecha que a la larga lo desenmascaran.

Impertérrito, siguió con el plan. Le agregó el capítulo del secuestro y, sin ninguna inquietud por lo que podría ocurrir, ordenó un rescate con todos los efectos, soldados, armas, disparos. Hasta tanques, que afortunadamente no llegaron a tiempo.

UN AÑO DESPUÉS DEL 30 – S, es hora de comenzar a llamar a las cosas por su nombre. Lo que ocurrió ese día no fue un intento de golpe, ni un secuestro, sino el asesinato de media docena de seres humanos con familias, esposas, madres e hijos.

Su autor directo es el actual Presidente de la República del. Ecuador.

La justicia humana pronto lo reconocerá.

bCartasEn el reporte de las noticias de este día leí que Correa aceptó que él ordenó el rescate, pero que no sabía lo del armamento a utilizarse… Que de haberlo sabido no lo hubiese ordenado… Usted debería decirle a Correa que le pida disculpas al país y a los familiares de los muertos por haber ordenado “el rescate” y por haber ido a meterse donde no lo llamaron, porque está demostrado que por berrinchoso y narcisista actuó como elefante en cristalería.

Mi percepción es que luego de que la valiente hermana del policía Froilán dijo que no hay nada que celebrar, mucha gente se hizo eco de eso y se fue sumando a rechazar la idea de “celebración” que trató de imponer el oficialismo (los funcionarios habían adoptado el logo de la campaña “30-S, el día que triunfó la democracia”), al punto que el gobierno tuvo que modificar su discurso y “aclarar” que se trataba de una “conmemoración”… Esta vez no resultó tan fácil apropiarse de los hechos y torcer su presentación.
 
Por otro lado, me pareció bien que en la Asamblea no se diera paso a considerar la moción de María Augusta Calle de declarar el 30-S como intento de golpe de Estado; es decir, que se les ha hecho difícil construir su verdad, a pesar de la maquinaria propagandística que tienen.
 
Se debe insistir en que el 30 de septiembre debe ser recordado siempre como un día de luto nacional.
 
Cabe recordarle al nuevo fiscal general que más le vale ponerse serio en el asunto de “la nueva investigación” y las nuevas demandas que va a plantear, porque los juzgados son subalternos, pero sus familiares no están obliados a comulgar con el gobierno… y más temprano que tarde la verdad siempre sale a la luz.
 
Lili
 
 
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http://youtu.be/wS0mUM-whW8

Ver video en: http://youtu.be/wS0mUM-whW8

Mas sobre el 30 de Septiembre en: http://es.wikipedia.org/wiki/30S_(Ecuador)

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