¿LOS RICOS TAMBIEN SE VAN AL CIELO?

"Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de los Cielos" – (Mt 19:24)

¿Cómo debemos interpretar estas palabras de Jesús?

Santiago 2:26 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.

Cuando Jesús hizo esta afirmación, los ricos se preguntaban: "¿Y entonces quien podrá salvarse?"

En el escaso raciosinio de los ricos no cabia que si habrian millones de candidatos al reino de Dios y que en su gran mayoría, no eran ricos. Para ellos, el mundo se limitaba a ellos, solo a ellos, y nada mas que a ellos. Su confianza y seguridad estaba atada a sus riquezas. Sabian perfectamente que en éste mundo, -a pesar de ser temporal y pasajero-, el dinero no era todo lo que cuenta.

El dinero ciertamente les proporcionaba poder, influencia, comodidad, etc. pero no reparaban que era solo un recurso temporal y pasajero, y aunque les permitia comprar, -aparentemente todo lo que ellos quisieran-, no podian comprar lo escencial. Su Salvación.

La realidad era otra: Los ricos no podían comprar a todas las personas, ni la salud, ni el amor, ni un hogar, y peor la vida misma. No digamos su salvación, peor aún la entrada al Reyno de Dios Padre. No hay dinero que pueda comprar un solo boleto de entrada al cielo.

Por lo general, en todos los ricos se ve plasmado el incumplimiento fragante a los 10 mandamientos de Dios, también al único mandamiento de Cristo que dice "Amaras a tu prójimo como a ti mismo". Ellos llevan consigo presentes en cada momento, las 7 abominaciones de Dios, todas ellas juntas.

El caso es bastante grave para los ricos. No por que Dios no quiera salvarlos o no tenga la intención de salvarlos, sino por que ellos mismos viven totalmente alejados del conocimiento de la verdad, y de todo lo que es el mundo espiritual. Para ellos, solo reza el mundo material.

En su corta sabiduría, no existe el "Plan de Salvación" de Dios, y por ende, no solo que no buscan la salvación sino que este es un tema que escapa totalmente a sus intereses.  Para ellos, cuenta mas lo material que lo espiritual.

Su forma de ver la espiritualidad es totalmente erronea y tergiversada: siguen a los curanderos, a los horóscopos, a la ciencia, a los falsos espíritus, a las falsas doctrinas, a los brijos y hechiceros, a los falsos dioses, a los adivinos, a los shamanes, a los espiritistas, a los talismanes, y todos los espíritus de las tinieblas juntos. Su manera de ver la espiritualidad es desde el punto de vista de su propio raciocinio. Nunca desde el punto de vista divino.

Gálatas 5:16-24 Reina-Valera Antigua

16 Digo pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis la concupiscencia de la carne.

17 Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una á la otra, para que no hagáis lo que quisieres.

18 Mas si sois guiados del Espíritu, no estáis bajo la ley.

19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución,

20 Idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,

21 Envidias, homicidios, borracheras, banqueteos, y cosas semejantes á éstas: de las cuales os denuncio, como ya os he anunciado, que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios.

22 Mas el fruto del Espíritu es: "caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe,

23 mansedumbre, templanza": contra tales cosas no hay ley.

24 Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias.

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Es preciso aclarar antes que nada que Jesús nunca condenó la riqueza, ni los bienes en sí mismos. Lo que condena son a las personas cuyo interés es acumular bienes y dinero para su propia satisfacción y beneficio, no teniendo presente las necesidades ni el bienestar colectivo, peor aún el de su prójimo.


RIQUEZA Y JUSTICIA DEBEN SIEMPRE IR DE LA MANO

Jesús se refiere a las personas que han puesto su corazón en la riqueza material y no en la riqueza espiritual. Se refiere a las personas cuyo corazón está apegado exclusivamente al dinero y a la acumulación de bienes materiales a costa del bienestar y la salud de otras personas.

Entre los propios amigos de Jesús estaba José de Arimatea(1), un hombre considerado rico . También estaba Zaqueo, que tras conocer al Señor cambia su actitud y repartió la mitad de sus bienes, logrando con ese acto su propia salvación.

Los ricos también pueden salvarse, obviamente que si, siempre y cuando hagan un buen uso de sus fortunas en bien de los mas necesitados. Posibilidades hay muchas, todas en función del dinero que tengan. Pueden colaborar generosamente con los ministerios cristianos, con los misioneros del tercer mundo, apoyar económicamente a las iglesias, becar los estudios de seminaristas, proteger a las viudas, a los ancianos, a los niños, a los enfermos, dar de comer al hambriento, proveer techo al necesitado, dar un aporte para las obras de una parroquia cristiana, ayudar activamente a los monasterios y conventos que viven de la caridad, dar dinero a los pobres o cuando hay grandes catástrofes naturales en algún país (terremotos, huracanes, guerras, etc.).

Jesús les dice a los ricos: "No amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socaven y roben. Amontonad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón". (Mt 6, 19-21).

 

Romanos 8:1-17 Reina-Valera 1960

Viviendo en el Espíritu

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;

para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.

Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;

y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.

11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;

13 porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre!

16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

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Jesús quiere que tengamos el corazón en los tesoros del cielo, en el mundo espiritual, conociendo y desarrolando en nosotros mismos todos los dones del Espíritu: el temor a Dios, el amor al prójimo, la bondad, la piedad, la misericordia, la paciencia, la afirmación del carácter y del espíritu, la caridad, el gozo, la paz, la tolerancia, la benignidad, la fe, la mansedumbre y la templanza.

1 Corintios 12 Reina-Valera 1960

Los Dones espirituales

12  No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales.

2 Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos.

3 Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús "Señor", sino por el Espíritu Santo.

4 Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.

5 Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.

6 Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.

7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.

8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;

9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.

10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.

11 Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.

13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.

15 Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?

16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?

17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?

18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.

19 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

20 Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.

21 Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.

22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;

23 y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro.

24 Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba,

25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.

26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.

27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

28 Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.

29 ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros?

30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?

31 Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente.

Seas rico o pobre, pregúntate de vez en cuando, ¿Dónde está tu corazón?

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(1).- José de Arimatea es un personaje bíblico que, según la tradición cristiana, era el propietario del sepulcro en el cual fue depositado el cuerpo de Jesús después de la crucifixión. Otras tradiciones le atribuyen el traslado del Sudario, el Grial y otras reliquias desde la ciudad de Jerusalén a otros sitios en la cuenca del Mediterráneo. José de Arimatea era hermano menor de Joaquín, el padre de la Virgen María, lo que lo convierte en tío abuelo de Jesús[cita requerida]. Se convirtió en tutor del nazareno después de la temprana muerte de San José, el esposo de María. Era miembro del Sanedrín, el tribunal supremo de los judíos, y decurión del Imperio romano, una especie de ministro, encargado de las explotaciones de plomo y estaño. Un «hombre rico» según San Mateo; un hombre «ilustre» según San Marcos; «persona buena y honrada» según San Lucas; «…que era discípulo de Jesús» según San Mateo, «pero clandestino por miedo a las autoridades judías», según San Juan.

Lo cierto es que los cuatro evangelistas coinciden en contar el mismo episodio donde intervino José de Arimatea. Jesús acaba de morir en la cruz, Pedro renegó de él por tres veces en público, los apóstoles se dispersan, pero este hombre solicita al procurador romano Poncio Pilato que le permita dar sepultura al cuerpo de Jesús. Con la ayuda de Nicodemo, desclava el cuerpo de la cruz y lo sepulta en su propia tumba, un sepulcro nuevo, recién excavado en la roca, donde se encuentra la basílica del Santo Sepulcro. Lo envolvieron en lienzos de lino y lo colocaron en la tumba con una gran piedra en la entrada. Por esto, la tradición católica lo tiene como patrono de embalsamadores y sepultureros.

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