UNA REFLEXIÓN SOBRE EL ARTÍCULO DEL PÁJARO FEBRES CORDERO

Estimado Pájaro, o Pajarraco esta vez. Me tienes enojado. Fui emocionado, corriendo a buscar ese artículo que, como todos los domingos, escribes en el diario El Universo. Y oh sorpresa, me sales con esto de que “El que murió primero”.

¿Quééééééé?

Si lo leí todito, de pies a cabeza, lo releí por si se me paso algo por alto, y es cuando decidí escribirte para mandarte a la pucta. Porque, esta vez sí que me decepcionaste. De pies a cabeza.

Comprendo que a lo mejor este domingo no habrás tomado tu avenita a tiempo, o como lo dices en tu artículo, esta vez quisiste escapar de toda la cloaca y espuria que nos brinda día a día la mafia correista; porque estoy seguro que te refieres a ellos cuando hablas de toda la pestilencia de revelaciones inmundas, robos, coimas, suciedades, triquiñuelas, etc. ¿Quienes más que los delincuentes asociados a esa Alianza PAIS nos han robado, insultado y perseguido como nadie en toda la historia ecuatoriana? Así que, tu decidiste salirte a respirar un poco de aire fresco, ¿y nos dejas al resto con la mierda correista hasta el cuello? ¿te parece justo?

Pero vamos a lo de fondo, veras, tratare de explicarlo suave suavesito, despacio despacito, ¿caray cómo te explico sin herir tus sentimientos?, lo intentare: empezare diciéndote que para mi eres lo máximo, quizá por eso no esperé un articulo como éste, mejor dicho, empezaste bien pero no me gusto como lo terminaste.

Metiste al pobre J.J. esta vez en éste meollo. Si, si, muy poético y romántico y lo escribes muy bonito y lo que tú quieras, pero pues, no es lo que yo esperaba.

Yo quizás esperaba una patada en los huevos al magno-ratero “JG” que todavía nadie, ningún científico descubre quien es. O un puñetazo frontal en el hocico a “la loca del ático” que bien merecido se lo tiene. O algo crucial sobre el puntapié que le dio el capo de los pases policiales al vice, en ese lugar que no le da el sol, cuando dijo en voz alta que “ya es hora que el vicepresidente se haga a un lado”, o sobre la infame ambición de la come mierda, de quiere ser la próxima presidente del Ecuador. O sea, esperaba algo un poco más substancial, nutritivo, educativo, un golpe directo al hígado de la mafia. Algo más cercano sobre el momento que estamos viviendo los ecuatorianos. .. ¿Y que hiciste? … metiste al pobre J.J. en la colada, … que en paz descanse. Por si todavía no te has percatado bien, sacaste al pobre J.J. de su tumba !!! Por Dios, ¿donde tuviste metida la cabeza?

No es que no me gusten las canciones de J.J., NO. Ni que yo espere que tu nos hagas otro juramento, ¡NO! !TAMPOCO! nada de eso. Veras, te explico. J.J. si bien cantaba muy bonito, para mí no fue algo así como el mejor ejemplo que se puede dar a la juventud como un ser humano. A veces, el éxito que logramos con una mano lo empañamos con la otra. Fue mujeriego, borracho, creo que incluso usaba drogas, dejó hijos por toda partes, sus canciones fueron hermosas sí, pero sus actos de vida desastrosos. Un mal ejemplo para la humanidad.  Lo uno no concordó con lo otro. Pero aun así, aunque hubiera sido un ejemplo para la humanidad, lo cual no lo fue, la biblia dice esto:

 

MARCOS 12:27
DIOS NO ES DIOS DE MUERTOS, SINO DE VIVOS; ASÍ QUE VOSOTROS MUCHO ERRÁIS.

Juan 5:43-44
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése [SI] recibiréis.  ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?

 

Dicho esto, tenemos que dar gloria si, pero solo a hombres que alcanzaron su santidad, no a los torcidos. ¿Capish? ¿Conputas? ¿Te hago un dibujito?

Bueno, ya no llores, no estuvo tan mal, pero admítelo pájaro, pudo haber sido mejor. Eh ¡! ¿Cierto? Ademas, piensa esto, si J.J. estuviera vivo, ¿cuantas veces no habría estado cantando para todos los mecos de la robo-lución suicida-dana?

Tu mejor fan.

Ya sabes quien!

 

El que murió primero

Por Francisco Fébres Cordero
Domingo, 1 de octubre, 2017

Uno tendría que haber sido fabricado de otro material para que su organismo no se maree, no vomite. Tendría que tener encallecido su cerebro para que las imágenes putrefactas que van apareciendo a diario no taladren su conciencia hasta desencadenar la ira, el dolor, el desencanto.

Todos los días de esta época tan oscura, tan nefasta, alguien escupe sus bazofias, aumenta revelaciones de inmundicias, robos, coimas, suciedades, triquiñuelas que se van acumulando en el basural de un presente agobiante.

De pronto, nos despertamos con la sensación de que el país está podrido desde sus raíces y el desarrollo de los sucesos supervinientes nos lleva a la creencia de que estamos condenados a alimentarnos de mentiras, de que, igual que los apestados, moriremos entre miasmas y de que las bubas que brotan en la piel se reventarán para ahogarnos con sus purulencias.

Buscamos desesperadamente respirar otros aires, y no podemos. El ambiente está viciado y tal parece que nuestra agonía se prolonga más allá de lo soportable, más allá de lo posible.

Quizás por un desesperado intento de escapar del asco, una tarde busqué en la oscuridad de un cine algo que me transportara lejos, que me permitiera viajar hacia el olvido, que me guiara, por medio de la ficción, hacia territorios ignotos.

Pero estaba equivocado: lo que comencé a ver estaba también anclado en la realidad con el formato de un documental: el tiempo era real, las imágenes, reales, los personajes, reales, los sonidos, las voces, la música, reales.

Sin embargo, poco a poco, esa realidad comenzó a subyugarme: ahí, en la pantalla, aparecía un personaje del que creía saber todo, o casi todo, pero del cual se me iba mostrando una faceta inédita: la de su música. Y entonces, escena tras escena, fui entrando en su tiempo, en sus peregrinajes por las radios, por los teatros, por los estudios de grabación. Pero, sobre todo, fui entrando al universo de aquellos que, con unción casi mística, valoraron su arte y, como reliquias, atesoran su legado plasmado en los muchos discos que grabó en su corto periplo por la vida, pero en su larguísima singladura por el canto.

Lo demás fue magia. Magia del director, que logró que un personaje cuya voz aflautada nos es tan familiar, cuya vida ha sido hurgada hasta el hartazgo, cuyas anécdotas han sido replicadas hasta la falsificación, renaciera y, siendo el mismo J.J. de siempre, fuera otro, ese desconocido que se paseó por México, Venezuela, Colombia y Ecuador cautivando a un público creciente, que lo idolatraba. Ningún ritmo para él le era vedado. Ninguna estrofa le era desconocida. Cantaba el Ruiseñor, cantaba…

“Si yo muero primero” es una cinta tan vibrante que, sin que lo notemos, nos mantiene con la emoción a flor de piel, en secuencias que nunca decaen. Fue hecha con necia persistencia durante cuatro largos años, pero, sobre todo, fue hecha con talento.

Tanto que, al salir, durante el tiempo que nos dura el embrujo, sentimos que somos otros: la espesa niebla que nos acosaba se despeja al comprobar que uno de nuestros compatriotas, aquel que murió primero, nos dejó una herencia que reivindica nuestro orgullo de ser lo que somos, nos convoca a cantar nuestros sueños y a reiterar nuestro juramento: nuestro juramento lleno de pasión. Y de esperanza.

Fuente:

http://www.eluniverso.com/opinion/2017/10/01/nota/6408493/que-murio-primero

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