Comentario sobre “LA BANDA” del Pájaro Fébres Cordero

¿BANDA PRESIDENCIAL O BANDA DELINCUENCIAL?

Cada vez que leo al Pájaro Fébres Cordero me quedo medio perplejo, atónito y anonadado. Su gran capacidad de análisis y reflexión lo han convertido en una autoridad ética contemporánea sin precedentes. Su hombría es un claro ejemplo de valores para la juventud, un llamado brusco a la realidad para los adultos, una propuesta clara que ataca de frente a los marranos que carecen de toda clase de educación formativa. Debería haber una ley que obligue a todos los delincuentes a leer sus escritos, a ver si aprenden algo de la ciencia que viene directamente del cielo. Un regalo de Dios, no para los diablos, sino para todos los hombres de buena voluntad.

Otra vez fui corriendo a buscar el articulo dominical de mi compadre, Pájaro Fébres Cordero en el Diario El Universo; y para que vean amigos lectores, éste domingo el Pájaro si tomó su avenita a tiempo y escribió con la mano derecha. No como la semana pasada que creo que la escribió con la mano izquierda y sin tomar su avenita a tiempo.  Fue un relajo, hasta romántico se puso.

Ahora si se nota que ya volvió a la vida. A esa vida de condenados en la que vivimos todos los ecuatorianos con ésta banda de delincuentes y criminales empotrados en el gobierno del Ecuador; pues no hay quien los saque a estos malditos delincuentes de sus cargos y los meta en la cárcel.

Se nota que esta vez no nos abandonó cuando ya tenemos toda la mierda al cuello, como nos han dejado los asambleístas de ALIANZA PAIS; sino que, ahora si se nota a claras luces que se solidarizó con el dolor del pueblo ecuatoriano, y a viva voz expresa su protesta. Protesta como todo macho cabrío, madera de guerrero, forajido indomable; y eso sí, como un hombre de una moral y ética de hierro. Por que la suya no es la moral y ética a medias tintas, producto del matrimonio de un narco con una prostituta. A claras luces la suya no es la misma moral y ética del cuentero de Carondelet, de los asambleístas de Alianza PAIS, ni la de Pedro “DienteFrio” Delgado, Carlos Polit, Galo Chiriboga, Gustavo Jalkh, José Serrano, ni la del Fiscal Carlos Baca Mancheno.  Por eso me cae bien el Pájaro. La suya es la expresión de un hombre que tiene muy bien situados sus valores, su moral, su lógica y su ética. Y esa, es totalmente opuesta a la de los invertidos y perras en celo que por ahora abundan en el actual gobierno.

Hasta parece ser que para poder ser un miembro activo de Alianza PAIS, se requiere ser ladrón, sinvergüenza, embustero, cuentero, mil oficios, saca punta, come cheques, plagiador de tesis, violador, cuentero, mentiroso, vende pases, meco, corrupto, o traidor. Mejor aún si tiene varias cualidades de esas juntas. Y en el caso de las mujeres, …. ser ignorantonas, ambiciosas, serviles, calumniadoras, y unas verdaderas perras en celo.

En su artículo “LA BANDA” no se refiere a: “LA BANDA PRESIDENCIAL” del delincuente #1 que tiene la patria, y enemigo de todos los ecuatorianos, que por cierto, éste infeliz ya está muy bien identificado; sino a “LA BANDA DE PILLOS LADRONES MECOS MATONES Y SICARIOS” de ALIANZA PAIS; al menos así lo entiendo yo que no soy muy inteligente que digamos, cuando leo al Pájaro referirse a “LA LOCA DEL ÁTICO” como “el capataz de una banda de asaltantes de caminos”. ¿Pues, cual otro va a ser? Pues el capataz de la banda. ¿Cual otro conocemos?

Pero vivancio igual que yo, él no escribe el nombre del delincuente mayor para protegerse de esas innecesarias persecuciones judiciales a las que está acostumbrada toda esta clase de delincuentes sin honor ni gloria, y gracias al Gustavo que todo lo protege desde la judicatura, (el Andrés Paez lo quiere mucho, igual que el Lenin-cuente de Carondelet),  así logra sacar millonadas de dinero a los que le dicen en la cara “LADRÓN, HIJUEPUT@, TRAIDOR DESCABELLADO, CUENTERO DE CARONDELET, ETC. PIOR SI LE MUESTRAN LA YUCA”; y como el meco no tiene la menor idea de lo que realmente es el honor, el cual él carece y cree que tiene mucho e incluso que hasta le sobra, cuando todos sabemos que debería darle vergüenza las huevadas que hace; pero no es así, el meco es como esas putas baratas que le dicen “puta” y ella sigue como si nada, pues no piensa que es ninguna puta, sino que incluso hasta se quiere ir de puños ‘pa defender su supuesto honor y gloria que no tiene.

A este delincuente mayor, hijo de su putísima madre, yo si le tengo rencor, no solo por el descalabro que hizo con la economía ecuatoriana sino también por su notoria traición a la patria y su constante burla a la inteligencia de todos los ecuatorianos.

Para mi, el cuentero traidor es solo un marrano sin valores, sin honor ni gloria, pues los que tiene, parece que los aprendió de algún narcotraficante casado con alguna puta. Pero lo más delicado, la infame y peligrosa persecución “extra-judicial” que lideró ilegalmente contra una ciudadanía que ya estaba harta de sus corruptelas, de sus cuentos y mentiras, la cual tendrá que responder algún día ante una justicia magna e independiente. No pues, no ante la justicia del Gustavo que es la misma huevo-pendejada de siempre.

Hasta aquí mi comentario sobre el último articulo de mi compadre Francisco Fébres Cordero, léanlo completito de pies a cabeza, gracias a Dios ya volvió a la vida.

 


La banda

Por Francisco Fébres Cordero
Domingo, 8 de octubre, 2017

Cuando, engalanado con su camisa de diseños étnicos recién estrenada, ingresaba a cualquier acto público, acompañado siempre de su numeroso pelotón de escoltas, la concurrencia se ponía de pie mientras por los parlantes comenzaban a sonar las notas de Patria, tierra sagrada de honor y de hidalguía, himno coreado por los asistentes que saludaban así la augusta presencia de quien comenzaba a gobernar el país como su feudo. Tieso, con su mirada apuntando hacia el futuro, recibía los honores que a la majestad de su poder creía debidos.

Lo demás, ya se sabe: diez años de dictadura en que, elevado sobre su pedestal, imponía su voluntad, dictaba leyes, sentencias, pisoteaba libertades, honras, inventaba realidades, mientras se presentaba como el fundador de un país sin historia, que él había construido desde sus cimientos.

Así, hasta que un día, obligado por las circunstancias, se marchó lejos, a la espera de que el pueblo formara una larga fila en el que era su palacio para honrar su recuerdo a través del museo que dejó montado, un altar que daba cuenta de sus largos recorridos por el mundo, los tributos que recibió, la multiplicidad de obras que realizó. Al fin y al cabo, sus desvelos merecían un devoto peregrinaje que le rindiera tributo.

Lo que quizás nunca vislumbró fue que la gloria que él creía merecer tuviera una duración tan fugaz, tan efímera y que las magnas realizaciones que aseguró dejaba en pie para la posteridad, fueran diseccionadas con tanta rapidez para mostrar sus huesos, carcomidos por el cáncer de la corrupción y la concupiscencia.

Y él, que creyó que sería proclamado como el ideólogo, líder y ejecutor de una revolución que su mente calenturienta había fraguado, va apareciendo como “el capataz de una banda de asaltantes de caminos” que tenía como principal función engordar sus faltriqueras con los dineros públicos.

Desde lejos, no le queda sino contemplar con impotencia cómo su pandilla, tan celosamente armada a través de los años, está siendo desarticulada igual que cualquier otra de sacapintas o robacarros, de las cuales la crónica roja da razón a diario.

Ahora su lugarteniente, aquel por quien él dijo que estaría dispuesto a ofrendar su vida, pasa sus vacaciones en la cárcel sin otra ocupación que la de negar las trapacerías largamente planificadas con su tío, en las cuales están también comprometidos muchos otros de baja ralea pero de altas funciones. Unos cuantos más, esos que no alzaron el vuelo con el guiño cómplice de quienes debieron aprehenderlos, corrieron a cobijarse bajo el manto protector del nuevo gobierno, con la esperanza de que sus bellaquerías se entierren en el olvido.

Desarticulada una parte de la banda, los sueños del capataz deben haberse modificado: de pretender que su imagen fuera inmortalizada en monumentos y perpetuado su nombre en universidades, hidroeléctricas, carreteras y aeropuertos, debe estar cruzando los dedos para que los truhanes que fraguaron el asalto sistemático a los fondos del Estado no canten, o por lo menos no lo hagan hasta el extremo de sacar a relucir su nombre.

Un nombre que en todo caso pasará a la historia de esta patria, tierra sagrada a la que él dejó esquilmada, con su honor mancillado y su hidalguía deshecha.

Fuente: Diario El Universo de Guayaquil

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