Mi comentario sobre “Ese Maldito” del Pájaro Fébres Cordero

Ayer domingo, como es usual todos los domingos, corrí y corrí varios kilómetros, hasta encontrar un ejemplar del Diario El Universo para leer emocionado y lleno de paz y alegría, la columna la frente y la espalda de mi compadre el Pájaro Fébres Cordero. Esta vez nos escribió sobre “Ese Maldito“.

Me demoré un poco más de lo usual ésta vez en escribir mi opinión respecto a su artículo.  Yo pienso que mi compadre El Pájaro está pasando por algún trauma que aún no me explico que mismo es. O quizás, él piensa que su misión en este mundo es ésto, cuando nosotros por otro lado pensamos que es ésto otro, o que es aquello. Pero no mismo nos ponemos de acuerdo. El tira para un lado, y yo tiro para el otro.

No me malentiendan por favor, yo si valoro todo lo que El Pájaro escribe; aunque de vez en cuando si pienso que se equivoca de temas.  O solo anda un poco distraído. A veces incluso anda romántico.  Lo cierto es qué yo si reconozco que escribe mejor que Juan Montalvo, mejor que el gran Martín Pallares, y mejor aún que todos esos “9 de la fama” que publicó el diario El Comercio, … y mejor que todos ellos juntos!

¿Pero, qué es lo que le pasa a mi compadre?

La verdad, yo no lo sé, … pero si pienso que, cuando un maestro que dicta una cátedra específica se entretiene en hablar de otras cosas que no es precisamente su cátedra, creo que el aprendizaje se desvía y crece en otras áreas que no son las más aparentes ni las más importantes. Entonces se pierde el objetivo.

Me explicare mejor: Cuando yo era niño, (de eso no hace mucho tiempo, eh!), teníamos un maestro de castellano que era una eminencia de escritor. Con los años comprendí que en verdad éste hombre era un reconocido escritor, famoso, y muy cotizado y apreciado en todo el país. Pero por otro lado, pude darme cuenta también que como maestro de castellano no sirvió de mucho: la prueba soy yo mismo que hasta ahora cometo cientos de faltas ortográficas y todavía tengo que escribir con la ayuda de correctores y programas que revisan mi ortografía.

No me vengan ahora con eso de que el vago fui yo, -no señores-, lo que sucedía es que a nuestro querido “maestro de Castellano” le encantaba escribir cuentos.  Si, cuentos de todo tipo. Era y es un gran escritor. Y entonces él venía a las clases y en lugar de enseñarnos los verbos, la redacción, o la ortografía, nos deleitaba leyéndonos sus hermosos cuentos. Rara vez hablaba de la materia que se suponía que nos debía estar enseñando.

Obviamente, todos quedábamos maravillados y felices de escuchar sus interesantísimos cuentos. Pero, el resultado final es que en lugar de formar a perfectos escritores o novelistas y redactores, más bien formó a una sarta pandilla mafiosa de cuenteros hijos de su grandísima put@ madre que ahora están ya grandes y para colmo están dirigiendo nuestra hermosa patria tierra sagrada, el Ecuador. Ah!!, … ¿Qué les parece?

¿No me creen?  Solo miren a la pandilla de mafiosos y renacuajos iletrados de Alianza PAIS y a toda su banda de ladrones y traidores cínicos en el gobierno y en la asamblea nacional, encubriéndose y protegiéndose los unos a los otros.

Discúlpenme el lenguaje rudo pero así me siento, con ganas de mandarlos a la gran p. que los parió. Pero volviendo a lo nuestro, -claro-, él, nuestro querido maestro de castellano, no se percató de las graves consecuencias que podría originar el ocupar su tiempo de “maestro”, en lo previsto en los planes de educación para la niñez; y en su lugar, todo ese año se dedicó a mas bien a contarnos sus hermosos cuentos.

Gracias a Dios yo no volví a saber más de él sino yo ya estaría escribiendo mejor que Gabriel García Márquez, o como el mismo Francisco Fébres Cordero, o como Juan Montalvo, no lo sé.  Lo que si se es que con todo ese noble arte de escribir tan maravillosamente como lo hacen ellos, yo ya estaría mandándoles a la put@ madre que los parió a toda esta banda de pillos y delincuentes descarados de AP-35, día-a-día. Agradezcan hijueput@s que no aprendí a escribir bien; sino, ya hubieran recibido lo suyo todos los días porque se lo tienen bien merecido.

Dicho esto, yo pienso que mi compadre, –el Pájaro Fébres Cordero-, a veces se va por otros caminos un tanto inesperados. Repito, no me refiero a que no escriba bien sino a que, algunas veces, el tema que nos presenta no siempre es el más esperado. Esta semana nos escribió sobre los niños violados y su solidaridad con ellos. Vale. Todos somos solidarios con todo tipo de víctimas, y no es de menos hablar de ello. Más aún cuando los 77 de la fama en la asamblea nacional son del mismo equipo de delincuentes que no solo han robado a la patria y a cada ciudadano ecuatoriano, sino que nos ha perseguido, nos han amaniatado, nos han traicionado ampliamente, no solo a nuestra patria sino también a nuestros principios, a nuestra constitución y a nuestras leyes.

Entre sus filas, ésta mafia de delincuentes peligrosos ya cuentan con algunos violadores, el padre del vice violador, el tio del vice acosando sexualmente a chicas jóvenes en su despacho, el primo del vice en una cárcel por violador en costa rica, los amigos del vice violando mas de 100 niños en quito y otros mas violando a niños en Guayaquil, y claro, todos ellos miembros de la organización delincuencial mas grande y notoria que tiene el Ecuador, la Alianza de pillos hijueput@s conocida como “PAIS“. “PATRIA ALTIVA I SOBERANA” dicen ellos. “PENDEJOS ALEVOSOS I SÁDICOS” decimos nosotros.

El problema entonces, -para mí-, es mucho más grave aún que el caso de los niños violados en Quito y Guayaquil. De hecho, todo el país fue violado inmisericordemente por esta mafia de hijueput@s delincuentes apoderados del gobierno nacional.

Los niños en este caso, solo fueron una parte de toda la población ecuatoriana que fue violada, violada en sus principios, violada en su economía, violada en su paz y tranquilidad, violada en su seguridad, violada en su soberanía, violada en su libertad, violada en su psiquis, violada en sus costumbres, violada en su moral, violada extensamente en sus valores éticos, y aun mas violada en su sentido común. Lo peor de todo es que nos siguen violando día-a-día estos hijueput@s y no hay quien los pare.

¿Acaso no vemos como los delincuentes siguen “libres”, y los denunciantes caminan con “grilletes” en los pies, otros fueron asesinados, y otros se están pudriendo en las cárceles ecuatorianas con delitos inventados y juicios pre-arreglados? (Caso: Fernando Villavicencio, Caso: Galo Lara, Caso: Clever Jimenez, etc)  ¿A dónde ha llegado toda la barbarie en que vive el pueblo ecuatoriano?,… ¿A dónde?, … ¿Y por qué no se arresta a toda esta banda de pillos hijueput@s y se los mete en la cárcel?

La respuesta es muy sencilla, no se los puede meter en la cárcel porque esta misma banda de delincuentes esta en el poder.

Cuando el hacha no apunta a la raíz del árbol, entonces solo se están cortando las hojas, pero el árbol no cae. Esta es una cuestión de enfoque de la que algunos adultos no se percatan. Habremos de apuntar el hacha a la raíz de todos los males si queremos barrer y destruir toda la maldad que nos asecha. Empezando por el triunvirato homosexual que destruyo la nación durante la década robada, la falsa y corrupta administración actual, el capo de los pases policiales, el malandrín de las narco-valijas diplómaticas y de los pati-videos, el gendarme de la justicia cómplice y corrupta en el poder judicial, los 77 malandros de AP-35 que deberían estar en la cárcel no solo por traidores y sinvergüenzas sino por solapar y hacerse cómplices y encubridores de tanto crimen y delito.

Enfócate querido Pájaro, enfócate,  no apartes tú vista de la raíz del árbol del mal que tenemos que derribar; porque si lo haces, no solo que nos seguiremos jodiendo todos los ecuatorianos, sino que cada vez será más difícil de tumbar ese árbol.

Seguido les presento el artículo “Ese Maldito“, de esta semana, de mi compadre: El Pájaro Fébres Cordero.

 

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Ese maldito

Por Francisco Febres Cordero

Me los imagino sentados. Él, en un sillón. Ella, en una mecedora. No están juntos: los separan cientos de kilómetros. Ni siquiera se conocen. Lo que los une es su edad, una edad indefinible que ha dejado sus huellas en el pelo entrecano, las arrugas en el rostro, las manos artríticas, que los sitúan en el territorio de la vejez. Los dos tienen una mirada triste que se pierde en el pasado más remoto.

No saben cómo comenzó todo. Lo que saben es que su vida ha estado atravesada por el miedo. Y también por la vergüenza. Lo que saben es que les ha acompañado siempre un necio sentimiento de culpa.

Cada uno por su lado, los dos se casaron. Tuvieron hijos. Podían haber tenido una existencia tranquila, pero había algo que les corroía, que les atormentaba, que les acosaba. Era algo indefinible al que ellos –cada cual por su lado– nunca lograron poner nombre. Algo indefinible de lo que ni siquiera querían hablar. Pero que se resistía a abandonar ese lugar recóndito en que se almacenan los recuerdos.

Mucho tiempo antes, las pesadillas hacían que sus noches fueran aterradoras. Se despertaban entre sudores y alaridos. Unas pesadillas pobladas de fantasmas, de rincones tenebrosos. Unas pesadillas en que unas manos con uñas como garras les arrancaban la piel. Escuchaban unas voces que les lanzaban improperios, unas risas malsanas, unas palabras obscenas.

No pueden precisar el día, aunque ambos tienen la certeza de que no fue uno solo, sino varios. Simplemente llegaba ese día sin que ellos quisieran que llegara. Ellos no tenían voluntad sobre el calendario. Ni poder. No tenían ni siquiera voz. O la que tenían no era escuchada, unas veces porque era frágil como un hilo y se volvía inaudible; otras, porque era acallada y estigmatizada como una mentira, como cualquier mentira fraguada por su calenturienta imaginación infantil.

Querían entender por qué cayó sobre ellos ese dolor, que se convirtió en un estigma. No lo sabían. Nunca lo supieron. Quizás fue el destino, decían. Quizás fue porque tenían adentro, conviviendo con ellos, un demonio, pensaban. Y sentían culpa. Y revisaban sus días más lejanos y se preguntaban dónde estuvo su culpa. Aunque la lógica les llevaba a la certeza de que no tuvieron ninguna, ese sentimiento no se iba ni siquiera cuando acariciaban a sus hijos, cuando hacían el amor con su pareja, cuando leían algo que les entusiasmaba, cuando comían aquello que les gustaba.

Y así, largos, interminables años transcurridos hasta ahora, en que ambos esperan la muerte, entre la resignación y la ira. Entre la impotencia y la desolación. Alguien se les cruzó en el camino y abusó de ellos. Les pasó lo que a tantos otros niños, víctimas de su propio padre, de un tío, del abuelo. De un amigo de mayor edad. De un profesor de la escuela. De un cura. Y eso cambió el rumbo de sus destinos. Les arrancó de cuajo la alegría. La confianza en los otros. Les dejó esas heridas tan profundas que nunca cicatrizaron.

¡Fue ese maldito!, grita él desde su sillón. ¡Fue ese maldito!, grita ella desde su mecedora. Están muy lejos el uno del otro, pero sus gritos desolados llegan hasta nosotros y nos estremecen. Nos sobrecogen. Nos duelen. Nos enloquecen. Nos indignan. (O)

 

Referencias:

http://www.eluniverso.com/opinion/2017/10/22/nota/6442633/ese-maldito

http://www.elcomercio.com/tendencias/escritoresecuatorianos-literatura-librosfavoritos-diamundialdellibro-cultura.html

 

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